Tras una larga noche "cafeteando" dedicamos el amanecer al cielo, propusimos mil teorías y tardamos mucho en comprenderlo. El cielo sabe a ti cuando no estás y a mi cuando me voy. Sabe dulce como tu saliva, brillante como cuando tus ojos se unen a los míos para vislumbrar la realidad. Sabe a azul, azul no como el mar, ni como el vestido que usaba el día que salimos a caminar; azul como a cielo. El cielo sabe a azul. Sabe a gloria alcanzada, a éxtasis por conocer. Imagino que una noche compartida contigo me dejará en la boca un sabor similar al de cielo en un amanecer.
Sabe a siniestra y perversa mirada, que me incita a seguir más y más. De todo lo horrible, el cielo con sabor es lo que podemos soportar. Fatídica sensación, no me permite continuar, cierro mis ojos, quiero pensar, te veo a ti y al cielo detrás. Me sabe a azul. No sé como explicar que el morado sabe más intenso y el blanco simplemente no sabe y ya. Azul sabe a esperanza, sabe a abrazos y a cereal con tenedor. Te roba sonrisas y ni cuenta te das. Sabe a cielo azul. A razón ajena oculta tras la soberbia de grandezas que no existen y silencios que se obligan, y canciones que no tienen ritmo y aun así son cantadas. A un azul con placeres y a azul con dolores, un color intermedio entre la locura y la cordura. Está en medio de las dos, no te tiene tranquilo pero tampoco te hace sucumbir, te equilibra.
El cielo sabe a gloria alcanzable en una noche de placer, en el magico misterio de una caricia, en la irreal realidad de un por qué. Sabe a tus manos por todo mi cuerpo, a tus labios que descansan solo para besarme los labios y para suspirar. Sabe a silencio donde palabras no faltan ya. El cielo sabe a tus ojos y a la mirada que haces en mi "aflorar" (esa palabra me gusta y qué!). Sabe a canciones que me hacen recordar y a sonrisas que no esperaba encontrar. Sabe a arte desconocido, a estrellas junto a la luna que no parecen de verdad.
Sabe a arcoiris nuevo en cada gota de lluvia y a peliculas en sepia que inventan los ángeles en las nubes. Sabe a comida deliciosa de ésas que llenan la barriga y nos dejan el corazón más que contento, extasiado. Sabe estrellas rosas que duermen en mi cama y a un cerdito contento que cuida mariposas. El cielo sabe al azul de las huellas de tus manos que están grabadas en papel, sabe a un poema bien leído y que, por fin, logré entender.
Sabe a esperanza, a sonrisas compartidas, a manos entrelazadas y a tu risa y la mía.